El Espantapájaros

Como la memoria es frágil, es bueno escribir... además la web aguanta todo, hasta las peores cosas capaces de salir de la mente humana.

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Nombre: Lia
Ubicación: Santiago, Chile

lunes, junio 21, 2004

A las puertas de la Libertad.

Salí por fin del certamen de macro. Si hubiera estudiado como se debe, me habría sacado un 100, porque la prueba era llegar y llevar. Pero ya no hay nada que hacer. A mi favor, por mientras puedo decir que pase micro con un 60 (gran nota!), y econometría con un 67 (esa si es buena nota!). Ahora solo debo esperar. Odio esperar.

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Ayer estuve un ratito con mi primo. Tiene 16 o 17 años, ya lo olvidé. Hace unos años éramos muy unidos, muy amigos. Ahora casi no lo conozco.

Estaba haciendo el boceto de un cuadro para su clase de dibujo. Sobre la integración, la división mundial, y esas cosas. Paradójicamente las mismas que me tenían como alma en pena a esa edad. Ante eso no pude mas que preguntarme ¿Qué me pasó? ¿Perdí acaso la sensibilidad necesaria para sentir preocupación por esas cosas? ¿Acaso ahora que soy un poco mayor me acostumbre al orden de cosas o quizás (horror!!!!!) me volví muy tonta para entender que la madre del progreso es el inconformismo y el cambio? Envejecer es algo espantoso. No quiero terminar preocupada solo por mi, por el auto que tengo, el colegio al que van mis hijos y de pasarlo bien. ¿Tenemos derecho a pasarlo tan bien? ¿y nuestras responsabilidades con los demás?


Por la tarde...

Me fui sintiéndome muy irresponsable a mi casa, hasta que me llamó mi pololo y nos fuimos a ver una obra de teatro llamada “Enigmas” en el teatro Circus OK (no puedo dar referencias de precios, porque no pague yo, pero puedo decir que la obra era genialísima, y que valió la pena el rato, la espera, el frío y todo eso).

Dormí bien y calientita, lista a iniciar mi “horario de gerente”, que viene con las vacaciones.